lunes, 14 de marzo de 2011

La pera

Te preguntas que hacer que pensar, como si fuese importante la manera en la que suena o el orden de las letras. Como si de verdad fuese a salir algún día de la memoria limitada de tu laptop. De verdad la esperanza a veces parece tan lerda.

Si pensaras un poco más en la realidad, de pronto sería más fácil. Pero…yo pienso en la realidad solo que no es la que, de alguna manera debería ser. A veces me canso tanto de esa palabra. El deber, deber, deber. Tú debes, debemos, él debe. Sería mejor el bebe, yo bebo, bebemos y no recordamos. Despertamos en una cama ajena mirando alrededor como si naciésemos de nuevo, pero en otra dimensión. Te duele la cabeza por la luz divina que entra por la ventana que recordabas en otro lugar y que ves como por primera vez. Agarras tus cosas y vuelves a buscar un lugar para renacer.

Nacer debe ser un sentimiento increíble, lástima que es uno de los que el ser humano nunca recuerda.

Iba por la calle un día y me conseguí una pera, extraño porque es una de las ciertas cosas que uno normalmente no se encuentra por ahí desfilando en el asfalto. La agarré, era un verde tan pera. Con sus curvas reglamentarias que siempre me recuerdan a las guitarras acústicas, te imaginas una guitarra hecha de pera?

Que mal que nunca me ha gustado la pera. La quité porque me impedía el espacio visual, tuve ahora que empujarla fuertemente con todo mi cuerpo contra sus diminutos, pero para el momento gigantes poros marrones. Caramba como cambian las cosas cuando una cuadra parece un infinito, antes un paso era solo uno más de eso que no se cuentan.

Saludaba a mis nuevos compañeros, todos se reunían en mi entorno preguntándose quién era y que como había hecho para levantar la gran pera.

Nunca lo supe, para mí por un momento solo fue una pera; luego fue la Gran Pera.

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