viernes, 7 de mayo de 2010

a nada

Yo te quise, tu no.
Yo te mire, tú lo negaste.
De hacerlo no te faltaban ganas,
Pero tu excusa era olvidarme.
Una marca en la acera me recuerda tu existencia
Ojos que esquivan miradas cegadas con la tuya.
Tus trémulos labios vibran con ondas internas de la tierra
Se caen pedazos del techo que nos acoge
Para de hablar, aún sigue temblando.
Lazos que aprietan tímidamente, sin experiencia, sin malicia;
Las cavidades sin vida del suelo naciente; aún así, muerto.
Quisiera decir que me llenas, que te lleno.
Que hablo cristalinamente, que no miento,
Pero blasfemo al escribir que no miento.
Se retuerce el tronco inmenso de un bosque
Por los hachazos de los forasteros que somos,
En este mundo que no es nuestro sino nosotros de él;
Yo confieso que vivo en la mentira. Tuya, mía, de todos.
Como loco que deja los números por la madera;
Inexplicable madera, inexistentes números.
Si te he dicho que te quiero, duda al creerlo;
Pero no lo descartes. El también se equivoco.